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Entre integrados y excluidos: El impacto del neoliberalismo en la sociedad argentina.

Por: María Agustina Puebla[1]

  1. Introducción

En las últimas décadas, Argentina experimentó el impacto del neoliberalismo, un modelo político y económico basado en el capitalismo que prometía, pero terminó ampliando la brecha social entre sus ciudadanos. La precarización de la vida de amplios sectores profundizó las desigualdades, dando lugar a un concepto cada vez más usado: la exclusión social, que suele confundirse con la pobreza tradicional.

Así, los “excluidos” se convierten en protagonistas de una democracia que se encuentra cada vez más debilitada por la creciente influencia del mercado, concebidos por los defensores del neoliberalismo como el perfecto asignador de recursos para los individuos, por lo tanto es “imposible” que se presente una situación de desigualdad. Sin embargo, la realidad argentina desmiente esta idea.

Frente a esta exclusión, la economía social entendida como un sistema caracterizado por  las formas de cooperativa, mutual y asociación tradicionales de asociación del capital, se presenta como una alternativa concreta para quienes quedan fuera del sistema.  

  1. Neoliberalismo en Argentina: ¿qué es? ¿Qué impacto tuvo?

Si bien el fenómeno del neoliberalismo es relativamente nuevo, sus consecuencias han sido arrasadoras. Una primera aproximación a su definición puede ser brindada por  el Diccionario de la Real Academia española, que lo define como una “teoría política y económica que tiene a reducir al mínimo la intervención del Estado”. 

El neoliberalismo es una doctrina que puede ser entendida en un sentido «fuerte» o «débil». En su sentido «fuerte», es una teoría completa y coherente fundamentada en las obras de Friedrich von Hayek y Milton Friedman. Por otro lado, en su sentido «débil», puede ser entendida como un conjunto de políticas económicas de carácter liberalizador aplicadas a los nuevos contextos sin adherir, por ello, al total de los postulados de la teoría fundadora. 

A su vez  tiene lugar en una etapa histórica en la que se produce una reconfiguración de la relación entre el Estado y el mercado. Ante la crisis del  Estado de Bienestar, la lógica mercantil comienza a regir las relaciones sociales, en un contexto signado por el desplazamiento de los capitales desde el sector productivo hacia el sector financiero. 

El alcance de esta corriente ha sido bastante reducido, ya que sólo fue implantado en los países anglosajones y América Latina. Finalmente, creó una sociedad de “integrados” y “excluidos”. (Cristobo, 2009, p. 5)

En Latinoamérica, y particularmente en Argentina, este modelo fue aplicado desde finales de la década de 1980 y en la década de 1990, debido a políticas impuestas por organismos internacionales. 

Feigelman (2018) refiere que se registraron profundas modificaciones políticas, económicas y sociales en la década del ‘90 en Argentina. El Estado delegó gran parte de sus funciones en el poder del mercado. En este contexto toma un gran protagonismo la economía social, entendiendo a la misma como “un término muy marcado por las formas de cooperativa, mutual y asociación tradicionales, estatuidas y codificadas por el sistema como formas de asociación autónomas del capital.” (Hintze, 2010, p.33).  Se caracteriza por un inédito excedente de fuerza de trabajo urbano calificado y el desaburguesamiento de una parte de los empleados de clase media junto con la manifestación de militantes sociales críticos (Hintze, 2010) 

III.  Economía social: una respuesta a la crisis.

Ante la exclusión social que afecta a nuestro país desde hace años, la economía social se presenta como una alternativa sólida para sobrevivir dentro del capitalismo democrático. A diferencia de la economía popular, la economía social “es un término muy marcado por las formas de cooperativa, mutual y asociación tradicionales, estatuidas y codificadas por el sistema como formas de asociación autónomas del capital.” (Hinze, 2010, p. 33)

De este modo, busca enfrentar las desigualdades entre clases sociales que se reflejan en la brecha de ingresos, la competencia extrema por el acceso al mercado laboral que deshumaniza a los individuos y la insostenibilidad global del modelo capitalista.

            Abramovich y Vázquez (2007) plantean diversas situaciones que pueden ser encuadradas dentro de la Economía Social, por ejemplo: emprendimientos comunitarios, empresas recuperadas por los trabajadores, microemprendimientos familiares y trueque.

Actualmente, es común ver manifestaciones de la economía popular que se van consolidando y naturalizando. Así, ya no resulta extraño observar  ferias populares que se realizan en las plazas principales de las ciudades, en polideportivos o colegios con el objeto de recaudar fondos para realizar actividades de beneficencia (a favor de comedores infantiles, escuelas, talleres infantiles, hogares de ancianos, protección de animales, por ejemplo) o para obtener algún ingreso extra.  Sin embargo, no debe descartarse el hecho de que varios sujetos participan de las mismas con el objetivo de ganar su supervivencia ya que los objetos que comercializan constituyen su actividad principal, ya sea de forma individual o en forma de microemprendimientos familiares.

      En el contexto argentino, las empresas son un actor clave de la vida en sociedad porque producen bienes y servicios en grandes cantidades que son indispensables para los seres humanos. Así mismo, generan muchos puestos de trabajo los que impactan de manera positiva en la vida de los individuos: poseer un empleo hace que sientan que su vida tiene un rumbo porque pueden valerse por sí mismos y genera un sentido de pertenencia con un grupo que en este caso son sus compañeros de trabajo. Un caso especial para mencionar es el de las empresas recuperadas y autogestionadas por los trabajadores, que adquieren una gran importancia en el período 1995-2003. Las empresas recuperadas, de acuerdo con Martínez y colaboradores (2002) son “aquellas empresas que abandonadas por las patronales, o en proceso de vaciamiento, quiebra o cierre, han sido ocupadas por los trabajadores y puestas a producir por los mismos.” Del mismo modo, Hintze (2010) sostiene que a pesar de las falencias existentes en este sistema (relativamente nuevo) no se encuentra presente la contradicción entre las necesidades y el valor, ya que existe una reconciliación entre el trabajador y las fuerzas productivas que emplea. 

Ante las crisis económicas sucesivas, numerosas empresas y PyMES se encuentran en situaciones de riesgo que amenazan la continuidad del ciclo operativo de las mismas. En otras palabras, se atenta contra la “vida” misma de la empresa si se quiere hacer una analogía con cualquier ser vivo. En consecuencia, como es mencionado supra, los dueños de las mismas optan por abandonarlas, o bien por iniciar un proceso de quiebra que trae como consecuencia el cierre de la misma y la pérdida de los puestos de trabajo. 

Sin embargo, los empleados, organizados en diversos grupos optan por recuperarlas, lo que representa una democratización en el ámbito laboral. Si bien existen órganos de control y dirección junto con una tesorería y un representante, como en la mayoría de empresas privadas, los trabajadores celebran diversas asambleas en donde se llegan a acuerdos respecto de ciertas decisiones cruciales.

La recuperación de las empresas por parte de los trabajadores no implica la intención de apropiarse del capital para beneficiarse del mismo y explotar al resto de trabajadores que no forman parte del grupo, sino por el contrario, intenta mantener las fuentes de trabajo que se tenían hasta el momento de la crisis. Así, se ve materializada la solidaridad entre ellos al encontrarse en una misma situación de desesperanza y tensión debido a factores económicos que escapan de su control y a la inactividad estatal que trate de paliar los efectos negativos de las políticas neoliberales.

Si estas formas de economía solidaria se expandieran y a la vez se perpetraran en el tiempo, se podría construir, de acuerdo con Hintze (2010) un sistema público que garantiza la reproducción intergeneracional de los trabajadores en el marco de una economía social y solidaria. De la misma manera, nacen mecanismos de la seguridad social producto de la lucha de los trabajadores que debe ser reconocido como principio y como derecho. En otras palabras, se crearía un sistema económico más humano, que respeta la vida del individuo en sus diferentes aspectos y en consecuencia, no existiría una explotación desmedida de los seres humanos y de los recursos naturales en pos de obtener un beneficio económico destinado únicamente al dueño del capital.

VI. Conclusión.

En las últimas décadas, Argentina vivió un fuerte proceso de transformación socioeconómica marcado por la implementación del neoliberalismo, lo que redujo el papel del Estado y entregó al mercado la tarea de organizar la vida social y laboral de los ciudadanos. Este tipo de apuesta no sólo concentró las brechas sociales, sino que también profundizó la exclusión y el desempleo, dejando a grandes sectores sociales sin respuestas estatales adecuadas.

Frente a esa realidad, emergieron diversas prácticas y formas de organización ligadas a la economía social. Estas se presentan como una alternativa para resistir y construir nuevas formas de convivencia más justas y solidarias. Las empresas recuperadas por sus trabajadores, las cooperativas, los emprendimientos comunitarios y las ferias populares no solo generan ingresos, sino que reconstruyen vínculos sociales y democráticos en espacios donde el mercado tradicional falla.

Estos procesos no solo implican un reequilibrio en el ámbito laboral, sino también una invitación a repensar la democratización en otros derechos sociales básicos como la educación, la vivienda y la alimentación digna, pilares que la Constitución Nacional garantiza pero que requieren cierto compromiso y acción sostenida por parte del Estado y la sociedad.

            Finalmente, para poder avanzar hacia una Argentina más inclusiva y humana se deben rescatar valores como la solidaridad, la participación y el respeto por el medio ambiente, tanto desde las políticas públicas como desde la economía social. Sólo así se puede construir un modelo económico y social que deje de reproducir exclusiones y comience a garantizar el bienestar de la mayoría, más allá de intereses particulares o coyunturas políticas.

Referencias:

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Cristobo, M. (septiembre de 2009) “El neoliberalismo en Argentina y la profundización de la exclusión y la pobreza” Margen. Revista de Trabajo Social y Ciencias Sociales. [Archivo PDF] Recuperado de https://www.margen.org/suscri/margen55/cristobo.pdf 

Feigelman, D (sin fecha) “El impacto de la crisis del 2001 en San Luis y una política social como posible respuesta. El caso de El Plan de Inclusión Social”. Documento de cátedra. [Archivo PDF] Recuperado de http://moodle.fica.unsl.edu.ar/moodle/pluginfile.php/30341/mod_folder/content/0/U2.%20Documento%20de%20c%C3%A1tedra%20%28Feigelman%29.pdf?forcedownload=1

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[1] Abogada y Procuradora egresada de la Universidad Nacional de San Luis (Argentina), sumamente interesada en las tareas de docencia e investigación, especialmente en el área de Derechos Humanos.

Para citar: Maria Agustina Puebla, “Entre integrados y excluidos: El impacto del neoliberalismo en la sociedad argentina.” en Blog Revista Derecho del Estado, 27 de octubre de 2025. Disponible en: https://blogrevistaderechoestado.uexternado.edu.co/2025/10/27/entre-integrados-y-excluidos-el-impacto-del-neoliberalismo-en-la-sociedad-argentina/